domingo, 25 de enero de 2026

2025, qué movida

Voy casi un mes tarde pero propósito de año nuevo (ya os hablaré de ellos en otro post) es retomar la escritura sobre libros. Y como una es ordenada, antes de empezar a hablar de 2026, de adquirir el hábito de la reseña y demás habrá de dejar una pequeña constancia resumida del año pasado. 

Los números

El 2025 resultó en un hermoso y redondo número de 50 lecturas, que me gustaría decir fue totalmente azaroso pero en realidad el último libro elegido fue algo deliberadamente breve (Audición) para que el cómputo fuera así de exacto. Menos que el año anterior, que fueron casi 80 y me atrevería a decir que muchas más páginas (la columna de páginas está casi vacía, prometo ser más meticulosa consignando datos este año), obvio si se tiene en cuenta tres factores claves: la oposición, las carreritas y los nonogramas, a lo que dedico más tiempo que a la lectura (no a estos últimos, pero sí se han llevado bastantes horas, tal vez tres o cuatro libros; pero ¿y el goce?). Todo normal y además a quién le importan los números, no sé ni para qué lo digo en público (jajajaja), macho.

El autor más leído fue el estimado Ryu Murakami, tres novelas (Sopa de miso, Azul casi transparente, Audición; ¡el Murakami bueno!) seguido por Charles Dickens, dos (Historia de dos ciudades y Canción de navidad; de Dickens diré que me parece un autor brillante al que hizo mucho daño la publicación por entregas; Historia de dos ciudades está lleno de pasajes formidables, escandalosamente buenos, y luego de capítulos y capítulos de relleno poco disfrutones). Del resto, uno. En cuanto a procedencia de autores, top 5. 


Sospecho que manteniendo la norma, se lleva la palma Estados Unidos. Me da un poco de rabia, no os voy a engañar, pero ahí tengo en mente hacer un reto de lecturas around the world para ir tapando agujeros de incultura (más adelante, cuando termine con mi reto de los 31 antes de los 31).

Lo mejor

Gran año como siempre porque elijo fenomenal y con lo poco leo bien estaría que mucho fuera malo. He seleccionado unos cuantos para hacer un top y por increíble que parezca me han salido diez justos; así que allá van con frase lapidaria porque zzzzz me da pereza redactar, hace mucho que los leí, etcétera.

  1. Sopa de miso - Murakami Ryu
    Mi lectura preferida del año y por supuesto la escena más jarta que he leído en mi vida.
  2. Panthers y Museo del fuego - Jen Craig
    La mítica novela de un solo día (como La señora Dalloway o Ulises), ahora, ¡en Sydney! 
  3. El cuerpo de Cristo - Bea Lema
    ¡Qué increíbles dibujos! ¡Qué historia más bonita y triste! ¡Qué maravilla los bordados!
  4. Vineland - Thomas Pynchon
    El gran narrador de la paranoia y la psicodelia: no es M&D pero se sitúa en mi Top 3 del autor.
  5. El príncipe negro - Iris Murdoch
    El reverso tenebroso de El mar, el mar, con un narrador brillante y la torre de Londres cerniéndose sobre él constantemente.
  6. Opus Nigrum - Marguerite Yourcenar
    Nuevo género descubierto: chapa histórica o "novela histórica venida a más". 
  7. Nunca me abandones - Kazuo Ishiguro
    Novela perfecta. Brillante conjunción de una trama tremenda con un estilo ajustadísimo y un final que es pura emoción.
  8. Tango satánico - Lászlo Krasznahorkai
    Qué puedo decir, Nobel merecidísimo, delirante historia, una locura de prosa. 
  9. No hay épocas tan malas - Andre Dubus
    Mi cita con Dubus de este año, muy exitosa: aquí hay cuentos (el 1º por ejemplo) que son de Pulitzer -o lo que sea que se da a los cuentos-.
  10. Azul casi transparente - Murakami Ryu
    Sí, otro Murakami -bueno-. Sorprendidísima porque aunque tiene escenas que son una absoluta guarrada es, en realidad, un relato sensible y devastador.

Lo peor

A ver, sin hacer sangre y sin listas ni nada. Me decepcionó mucho Fortunata y Jacinta porque no me encontré nada formalmente espectacular. La Regenta es mucho más ambiciosa y desde luego Clarín un prosista infinitamente superior aquí a don Benito. Seguiré leyéndole (tengo en mente darle caña a los Episodios Nacionales) pero desde luego no me parece esta su gran obra (opinión, por lo que se ve, tremendamente impopular). También leyendo este libro parece que el autor creía a las mujeres profundamente imbéciles, cosa que sorprende de la literatura de la época, los grandes autores tenían una gran sensibilidad para con las cuitas femeninas (el mismo Galdós en otras obras presenta personajes femeninos formidables).

Y me pareció una soberana castaña El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead, después de Los chicos de la Nickel venía con muchas ganas y me encontré con un texto panfletario, poco hábil y en general aburrido y soso. Flipo con tanto premio, la verdad.

Aquí podría mencionar también la clásica pésima traducción de Stephen King (leí Maleficio) o la más-interesante-que-buena Maniac (Benjamín Labatut) e incluso la ligeramente sonrojante On Beauty (Zadie Smith); pero lo cierto es que todo lo demás menos bueno no merece la pena mencionarlo en este epígrafe. En general lo dicho, un buen año.

lunes, 12 de enero de 2026

Adviento 2025

Este año pasado se me ocurrió hacer un calendario de Adviento: un cuento (moderadamente corto) al día durante los primeros 24 días de diciembre. La idea vino escuchando el pódcast Grandes Infelices, sentí ganas de releer La lotería y por qué no, mejorar un poco mi conocimiento del género relato corto, que tenía muy abandonado. El resultado es este picadito, que dejo aquí de cara a que el año que viene, si vuelvo a hacerlo, pueda tener fácil acceso y así no repetirme. Está bastante claro de qué pie cojeo: mucho estadounidense, mucho siglo XX... Sobre todo mucho bueno, la verdad. 

La verdad es que menos Bashō (una chorradita, más una fábula que otra cosa), Quiroga (no me va mucho su grandilocuencia), Hemingway (tampoco me va mucho su telegrafismo) y Yourcenar (la amo, pero este también es un poco demasiado mitológico), todos ellos formidables. A destacar, y solo por destacar unos pocos, los que dejo en negrita. ¡De pronto soy fan de Cortázar! ¡Y necesito leer a Lispector! ¡Y, en general, más cuento, por favor!

  1. Ambrose Bierce: An Occurrence at Owl Creek
  2. Shirley Jackson: The Lottery
  3. Matsuo Bashō: La madre anciana
  4. Horacio Quiroga: Las moscas
  5. Jack London: To Build a Fire
  6. Flannery O’Connor: La buena gente del campo / Good Country People
  7. Anton Chéjov: La dama del perrito
  8. Julio Cortázar: Bestiario
  9. Raymond Carver: Parece una tontería / A Small Good Thing
  10. Franz Kafka: Un artista del hambre / Ein Hungerkünstler
  11. Clarice Lispector: Amor
  12. Ernest Hemingway: Colinas como elefantes blancos / Hills like White Elephants
  13. Julio Ramón Ribeyro: Los gallinazos sin plumas
  14. William Faulkner: Una rosa para Emily / A Rose for Emily 
  15. Don Barthelme: La escuela / The School
  16. Jorge Luis Borges: Funes el memorioso
  17. Willa Cather: El concierto de Wagner
  18. Rosario Castellanos: Lección de cocina
  19. Ryunosuke Akutagawa: Rashomon
  20. Katherine Mansfield: Fiesta en el jardín / The Garden Party
  21. James Joyce: Los muertos / The Dead
  22. Marguerite Yourcenar: La sombra de Marko
  23. Elizabeth Bowen: La amante del Demonio / The Demon’s Lover
  24. Hans Christian Andersen: El árbol de Navidad

jueves, 26 de junio de 2025

Canción del ocaso - Lewis Grassic Gibbon

Tengo en casa varios libros de la editorial Trotalibros, todos ellos sin leer, todos ellos con una pinta muy apetecible (entre ellos el codiciado y agotado/descatalogado La guardia, de Nikos Kavadias). Y sin embargo, me estreno con la editorial con el que menos me llamaba la atención y que salió en uno de mis "le pido al azar que elija mi próxima lectura de entre los (demasiados) libros que tengo pendientes". 

Así que pereza inicial que pronto se transformó en un interés creciente y, a medida que avanzaba en la lectura, en un gran respeto y una curita de humildad para esta vuestra lectora que a veces cree que está de vuelta de todo y resulta que todavía un señor escocés azaroso desconocido en este país puede ponerle un puntito en la boca. ¡Qué gusto! Canción del ocaso es la historia de un pueblo (qué digo pueblo, aldea como mucho) escocés, dedicado a la agricultura, desde los ojos de una joven, Chris Guthrie, que va haciéndose adulta en los inicios del siglo XX, evidentemente un momento de profundos cambios, grandes acontecimientos e implacables emociones, sobre todo para una muchacha en plena educación sentimental.

Y tú me dirás ¿me interesa a mí la historia de un pueblo escocés, dedicado... etcétera? Pues sí porque realmente esto es la historia de Escocia, que el autor quería reflejar de verdad, apartándose de las maneras míticas con que se ha literaturizado el país, pero también de tópicos arcádicos y bucólico-pastoriles o de dicotomías de granjeros burdos contra ingleses refinados. Lo que aquí se refleja con minucioso detalle es un lugar inexistente, que recuerda a un Innisfree o un Brigadoon, que es todos los lugares; unos personajes que son todas las personas. Y a quién no le va a gustar un relato universal, oye, para eso estamos aquí. Ya se nota desde esa introducción en la que una voz dijéramos en off describe la historia de Kinraddie desde su fundación y las familias que actualmente ocupan sus hogares.

Chris pensó en lo extraña que era la tristeza de las canciones escocesas, hechas para la tristeza de la tierra y el cielo en las oscuras tardes de otoño, para el llanto de los hombres y las mujeres de la tierra que habían visto cómo sus vidas y amores iban desapareciendo con el paso de los años, para todo lo llorado al lado de los mataderos y recordado de noche y en el ocaso. La alegría y la bondad pasaban, se vivían y olvidaban, y era la Escocia de la niebla, la lluvia y el mar lloroso la que hacía las canciones...

Conecta esto con la voz narrativa de la obra, muy particular y desde luego parte crucial de lo estimulante que resulta. Grassic Gibbon presenta una escritura lírica, algo engolada en muchas ocasiones, rimbombante y, por qué no decirlo, ciertamente cursi. Dedica especial atención al paisaje, al sonido de los pájaros, a la lluvia, al olor de la madreselva. Hay pasajes bellísimos constantemente, es un goce leerlo. Lo cursi no le quita en absoluto lo valioso, casa muy bien con ese mundo al borde de terminar al que nos asomamos en sus páginas. Y sin embargo, esa voz narrativa que nos desvela la historia es también muy divertida, desenfadada; aquí y allá arroja frases hechas, comentarios criticones sobre algún personaje, observaciones que te hacen sospechar que ese narrador omnisciente que tan bien conoce la vida interior de Chris podría ser en realidad un vecino de Kinraddie que se está marcando un gossip girl.

Así pues, quedé muy sorprendida con esa forma de contar las cosas, claramente marcada por el espíritu de la época, sosegado, con tiempo para la descripción, con el toque romántico de vincular el paisaje con las emociones (en los malos tiempos llueve demasiado, o hay sequía), pero también con otras decisiones formales que son muy de mi agrado. Destaco un par, en primer lugar cada capítulo (hay cuatro, muy largos) tiene una estructura circular muy curiosa: arranca con Chris en un lugar de Kinraddie, y que podría decirse que es una especie de isla desierta de la calma para ella en el pueblo, y a partir de aquí se abre toda una narración hacia el pasado, desde el fin del anterior capítulo, y hasta este momento de inicio. La historia adquiere así un tono de recuerdo, nostálgico y teñido de amargura muchas veces, y me parece un marco estupendo para la narración. Por otra parte, los (pocos) diálogos que hay en la obra están integrados dentro de los párrafos del narrador, en cursiva. Como ya sabéis en esta casa somos firmes defensoras de que los diálogos deben ponerse de la manera más integrada y más compleja de entender para el lector despistado posible, así que esto evidentemente causó sensación (si bien me parece que las cursivas podrían sobrar, ¡por ponerme pejiguera!).

Mencionar respecto a la trama que si bien por alguna razón yo me esperaba a un montón de pelirrojos en faldas escocesas bramando y peleando, la historia no puede ser más "entorno rural en declive y las pequeñas vidas que allí se desarrollan". Es, por supuesto y por tanto, una historia triste, nada dramático ni pornografía emocional, por supuesto, sino sencillamente una historia triste contada desde el buen gusto, desde la melancolía más que desde el drama. Para mi gente más cinéfila, hay una película dirigida por el bueno de Terence Davies, del cual yo solo he tenido el gusto de ver la excelente Distant Voices, Still Lives. Esto no tiene por qué ser indicativo de nada pero me encaja porque esa película es absolutamente devastadora y un retrato formidable de una familia de clase obrera en Liverpool también marcado por la nostalgia y el dolor (aprovecho para recomendárosla). Respecto a esta, dura sus buenos 135 minutos, ya veremos.

Y cierro como no podía ser de otra manera encomiando la excelente labor de la editorial Trotalibros porque cuando llegué a casa de mis padres en un evento familiar con Canción del ocaso en la mano, nadie podía parar de hablar de lo bonita y elegante que era la edición. No me gusta especialmente la fuente elegida, cuestión de preferencias, pero el resto me tiene fascinada, hay que ver el buen gusto con que editan. La colección (¡esto es lo importante!) también me parece formidable y tengo muchas ganas de leer los que tengo e ir adquiriendo los demás (pronto me haré con la segunda parte de esta trilogía, Valle de nubes); para mí en cuanto a estilo e interés de la selección, está a la altura de Alba. Honestamente, me parece que cuestan poco para lo que son.

viernes, 30 de mayo de 2025

Sopa de miso - Ryū Murakami

[Ignoremos que han pasado meses desde el último texto. Tuve un pequeño fling con Instagram, pero realmente odio ese lugar, así que vuelvo; pero estoy opositando, así que nunca encuentro el momento para ponerme a redactar algo con media enjundia.]

Hace dos meses que leí Sopa de miso y desde entonces no puedo parar de pensar en él. A veces se me olvida con tanto gusto por la pompa y el barroquismo y los rollos larguísimos que pocas cosas hay mejores que un tipo muy inspirado al que se le ocurre la idea más loca de la historia. Pero lo cierto es que Sopa de miso (o, como le decimos en mi casa, En la sopa de miso) es una novela espectacular que elude completamente todas las cosas estilísticas que normalmente me apasionan. Es tan sencilla a nivel formal que casi parece a veces una redacción de un chaval, y tiene sentido porque es (diegéticamente) la redacción o la declaración de un chaval. Que cuenta las cosas cuando y como se le van ocurriendo, con las reflexiones que considera acertadas en cada momento y con la desconfianza, la lucidez y el escepticismo que se podría esperar en cada momento de la historia. Así, no hay estruendos formales, no hay ripio alguno, no hay fraseos rimbombantes..., no hay nada más que literatura pura. La sencillez bien hecha, ¿eh? Menuda cosa. Con la que hay que reconciliarse (hablo por mí). 

Bueno. De qué va esto. Pues como dice la sinopsis de la contra que me parece divertidísima por lo SORPRENDENTE: un muchacho japonés se dedica a guiar a turistas por Kabukichō, el barrio rojo de Tokio, y durante la novela le toca guiar a un estadounidense raro, muy raro, llamado Frank. ¡Además! ¡Hay un asesino en serie en las calles de la ciudad! ¡CHAN CHAN CHAN!

A ver, la trama es un alucine porque esto está escrito de una manera muy particular en la que Kenji, el muchacho japonés en cuestión, combina en su narración la paranoia y la desconfianza desde el primer momento en el que ve a Frank con reflexiones constantes, a veces evidentes, a veces desoladoras, sobre la sociedad japonesa, cómo ha chocado con Occidente, cómo Occidente ha entrado en ella, etc. Estas reflexiones son muy curiosas por la manera en la que las introduce, para nada sutil, pero lo que más me gustó fue ese retrato de la angustia que supone la relación con Frank. Es un tío muy raro que hace cosas raras y cada vez que Kenji le pilla en una es tan vívido el retrato que es imposible no sentir una incomodidad y una angustia increíbles. Luego llega el Momento, claro. El Momento es una cosa que pasa en este libro en la que de pronto pasa algo, que se describe con todo lujo de detalles, algo grotesco, algo tremendo, y de pronto tú ya no puedes parar de leer en lo que queda de libro. No es uno de esos infames plot twist que tanto le gustan a la gente. No es que no se vea venir. Es simplemente alucinante. Y de ahí al final, la novela cambia el tono. Más seria, más terrorífica y con un final increíble.

Realmente lo que yoir. quería decir más allá de todo esto es que Sopa de miso es, en mi opinión, una revisión del Fausto. No entro en detalles pero evidentemente el demonio ahora quiere conocer Tokio, la nueva Roma, y allá va. Puede que sea por haber leído el mismo Fausto y El maestro y Margarita en estos últimos meses, que sí, vale, ahora veo a Fausto por todas partes, pero es un mix muy interesante de los dos textos. Kenji es la criatura a corromper, Frank es nuestro Mefistófeles y el barrio rojo de Tokio, con todas sus luces y sombras, un Moscú contemporáneo: definitivamente ateo, definitivamente perdido y un lugar perfecto para esconder el mal.

Ah, y, por supuesto: para mí, conexión más que evidente con el cine de Kiyoshi Kurosawa. Esto en casa me han dicho ¡PERO QUÉ DICES!, pero lo veo clarísimo, con esos estallidos repentinos de violencia, ese sentir que se acaba todo, esa representación del Mal. 

¡Ay, hicimos famoso al Murakami equivocado!

jueves, 26 de diciembre de 2024

El cielo de la selva - Elaine Vilar Madruga

Este libro me entró por los ojos por su feísima edición (perdón) que, sin comprender yo el porqué, tiene la cubierta más chabacana del mundo y además una tipografía rarísima alla Century Gothic y ESPERA QUE HAY MÁS un espacio entre párrafos absolutamente delirante. Una línea vacía, como si terminase un epígrafe. En fin, decisiones de estilo, desde luego la editorial Lava tiene carisma, aunque para las que somos de la escuelita "me compro la edición de Alianza que tiene el canto blanco y puro" sorprende absolutamente (disclaimer: esto es una impresión personal y además está escrito en tono de broma, no se me enfaden).

Esta es la historia de unas mujeres que viven en una hacienda en la selva y que para mantener su vida allí deben entregar en sacrificio a esta misma selva niños, para que los devore. No me digáis que no es una premisa ultrasugerente; y da lo que promete, porque en lo que a trama respecta tiene esta historia oscura, terrorífica y terrible de niños muertos, de madres que entregan a sus hijos y que por tanto no los reconocen como hijos, solo como la comida de la selva; de gente que tiene las manos manchadas de sangre y que con ello tiene que vivir. En El cielo de la selva cada capítulo está narrado por, o desde, un personaje, o varios, y poco a poco vamos conociendo toda una serie de historias devastadoras de feminidades diferentes, de mujeres de edades y formas de ser muy distintas. La madre, la puta, la carne. Y así. Comparte muchos elementos estéticos y sobre todo preocupaciones con el resto de autoras del nuevo boom de las damas oscuras de Latinoamérica (no me mola a mí mucho este título, pero bueno), como la violencia contra la mujer y la imposibilidad de habitar en las ciudades, destruidas por la guerra y el narco, pero tiene mucha personalidad, durante la lectura no encuentra una tantas similitudes, sobre todo en cuanto a estilo se  refiere. Digamos que el tropo "sectario", por llamarlo de alguna manera, lo separa mucho de otras obras y lo reviste de mucha personalidad. 

Vilar Madruga tiene un estilo muy estimulante, muy visual, hay aquí algunas descripciones que ponen los pelos de punta y que lo convierten desde luego en una novela de terror más terrorífica que muchas otras que yo he leído. Sobre todo es gracias a estas descripciones de la selva y su lengua y la selva que lame y la bruma que sobetea a la gente y la selva que amanece roja y a una leyendo le da la sensación de que de pronto alrededor se va a poner la cosa roja y alguien se la va a comer. Además de esto, tenemos capítulos escritos en segunda persona, capítulos corales, todos los personajes contando cada parte de su historia de una manera muy diferente entre sí. Las voces son diferentes, pero sobre todo varía la aproximación que se toma, más testimonial (a veces los que van en primera persona demasiado testimoniales, como si el personaje se estuviera confesando) o más lírica, con mayor o menor comprensión de lo que está pasando, con mayor pureza o mayor crueldad. Esto hace que la lectura, cuyo estilo más tirando hacia la densidad podría convertir en algo monótono (estas descripciones tan vívidas pierden parte de su sorpresa según avanzamos), sea dinámica, enganche a morir y continúe llena de intriga más tiempo.

No se aclara muy bien en qué momento pasan algunas cosas, si pasan de verdad o no, como si estuviéramos leyendo dentro del embrujo de la propia selva, y esta manera tan desdibujada, tan poco mimética de contar, le sienta como un guante. Es extraña, es onírica, es real maravillosa al más puro estilo Carpentier, y utiliza estupendamente esa divinidad monstruosa que hay en la selva o que es la selva, pero también, claro, la maldad profunda que puede haber en los seres humanos. Vuelvo otra vez al tropo de la secta, porque ciertamente me parece que tiene sentido verlo así: esta pequeña sociedad que solo sobrevive por la crueldad, por la fe en un dios que no debería tener adeptos, marcada por la culpa, por la locura y por el odio, pero también a veces por el amor.

Desde su árbol, Copita movió la mandíbula hacia arriba y hacia abajo, una vez y otra, muchas veces. Las muertas craquearon sus huesitos, los huesitos que les quedaban en el cuerpo. Una risa de mandíbulas secas, un nuevo tipo de risa sin carcajadas, porque las muertas, lo supiste entonces, se reían así, a hueso limpio.

No es una novela perfecta. A mi modo de ver, el clímax está algo diluido en un tercer acto que puede que sea algo más largo de lo que debiera, y como decía más arriba el trabajo estilístico no tiene, digamos, tanta garra para ser impresionante durante toda la lectura. Sin embargo me parece una obra muy atrevida, por su filiación al terror en una presentación mucho más física que los fantasmas que están tan de moda ahora mismo, y por su densidad formal, muy acorde con la atmósfera que retrata pero poco habitual. Yo me quedo con la autora como un muy interesante descubrimiento; trataré de pillar La tiranía de las moscas (¿os acordáis de Panza de burro? Ya, yo tampoco) y estaré atenta a lo que vaya sacando.